TTIP: un tratado de libre comercio entre la Unión Europea y Estados Unidos directamente relacionado con el comercio exterior




Las negociaciones acerca de un acuerdo para el libre comercio en materia de comercio exterior y exportación, para empresas exportadoras y ciudadanos en general, entre la Unión Europea y Estados Unidos están a punto de concluir. Tras años de negociación, que se remontan a los años 90 del pasado siglo XX, y algunas filtraciones, el tratado podría ser determinante para el futuro del comercio exterior mundial. Se habla de unas cifras que implican a 820 millones de consumidores de todo el mundo y que pueden significar un 50% del PIB mundial, algo que en materia de comercio exterior es bastante prometedor.

Principales fundamentos

La Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión – las siglas en español del TTIP – está formada por 15 equipos específicos de trabajo que se encargan de distintas áreas. El tratado en sí consta de 24 capítulos que se dividen en 3 partes (acceso al mercado, cooperación reglamentaria y normas). Entre los aspectos más relevantes en los que se trabaja, podríamos destacar los siguientes:

  • Eliminar las aduanas entre la UE y EE.UU. Este hecho, que para las empresas exportadoras mundiales es de suma importancia, ya se ha conseguido en un alto porcentaje menos en el sector de la agricultura donde siguen siendo elevadas.
  • Reducción o eliminación de los obstáculos no arancelarios: reglas, normas, y regulaciones legales que en términos constitucionales puedan limitar la competencia económica. Hablamos de normas éticas, legales, democráticas, sociales, de salud o medioambientales, monetarias, económicas o especialistas. Quedan excluidos del acuerdo los servicios de imagen y audición.
  • Proporcionar derechos de recurso contra leyes y reglamentos de distintos estados a las corporaciones privadas.

El tratado no solo permitiría que los capitales fluyeran libremente  sino que establecería también cuotas para que los trabajadores pudieran trabajar en ambos lados del Atlántico. Además, una zona de comercio libre entre ambas partes significaría un gran acuerdo y supondría un 46% del producto interior bruto mundial.

Situación actual del comercio exterior en la UE y EE.UU

Actualmente las transacciones de EE.UU en la UE triplican a las que realiza EE.UU en Asia, y las de la Unión Europea en EE.UU son muchas más que las resultantes entre la UE, China e India. A modo de ejemplo, podríamos decir que el comercio exterior transatlántico supone un tercio de todas las transferencias que se producen en el interior de una misma empresa.

Teniendo en cuenta que los obstáculos en cuanto a tasas son más o menos del 3%, el objetivo se centra en eliminar las barreras no arancelarias.

Por ello, la comisión europea insiste en que la puesta en marcha de un tratado transoceánico comercial conjunto sería un incentivo para el comercio exterior. Por dar algunas cifras, ello se traduciría en 545 euros adicionales para una familia de cuatro miembros en la UE y en 655 euros para una familia con el mismo número de miembros en EE.UU.  Contrariamente,  un acuerdo limitado que se centrara solo en los aranceles resultaría en un crecimiento del PIB mucho más inferior.

Defensores y críticos

El planteamiento de un tratado de libre comercio entre dos potencias tan importantes como la UE y EE.UU supone, como en todo, el nacimiento de grupos de defensores y de detractores.

Según los defensores, el acuerdo beneficiaría económicamente a las naciones que formaran parte de él, supondría un aumento de la liberalización económica y la creación de puestos de trabajo.

Sin embargo, para los detractores, no es todo oro lo que reluce. Según ellos todos esos beneficios aumentarían el poder de las multinacionales y haría desaparecer la regulación de los mercados a la vez que rebajaría los aspectos sociales y medioambientales de forma drástica – EE.UU, por ejemplo, no limita la importación de alimentos transgénicos como hace la UE.

En consecuencia, los gobiernos perderían la capacidad de legislar a favor de ciudadanos y  trabajadores y, por el contrario, favorecerían a los empresarios.

Sea como sea, y una vez el tratado esté totalmente redactado y consensuado, los estados miembros que conforman la UE deberán aprobar el acuerdo que el Consejo de Ministros de la UE haya negociado. Y será el Parlamento Europeo quien finalmente decida si lo aprueba o lo rechaza.